¿Te encantaría conocer el secreto para dejar de tener estrés? Pero ¿es esto posible?

Circulan artículos por Internet diciendo cosas como: “Trucos para combatir el estrés” o “Formas originales de eliminar el estrés”.

Deseamos dejar de tener estrés y soñamos con vivir una vida plena, tranquila y feliz. Sin agobios, sin días nublados, sin tensión en el cuerpo, sin dolores de cabeza.

Pero ¿dejar de tener estrés es algo tan sencillo como nos cuentan? ¿Realmente se puede dejar de tener estrés de un día para otro?

Qué nos causa estrés

Podemos sentir estrés en diferentes escenarios o acontecimientos. Por ejemplo, por el nacimiento de un hijo, por una mudanza o por llegar tarde al trabajo debido al tráfico concentrado en hora punta.

También podemos sentir un estrés más intenso como puede ser al enterarnos de la muerte de un ser querido o vivir una ruptura de pareja.

El primero se trata de un estrés puntual. Se siente estrés en ese momento concreto, pero, después, todo vuelve a la normalidad. 

El problema es cuando tenemos un estrés continuado en el tiempo.

Qué tipos de estrés existen

Vivimos con estrés, entre otras cosas, porque no sabemos gestionar los pensamientos negativos que aparecen en nuestra mente debido a diversos motivos: el dinero que no alcanza, el político de turno que no me gusta, el vecino que escucha la música cuando yo quiero dormir, mi marido que no encuentra trabajo…

Cuando estamos en el lalala mental, cuando nuestra mente está en modo automático y hablando sin parar, no estamos en el momento presente y, desde ahí, es imposible gestionar todo el estrés que nos producen esos pensamientos.

Ahí estamos en el imaginario, en cosas que nuestra mente nos dice (y que la mayoría de las veces no son verdad).

Esto nos va generando problemas de salud (problemas digestivos, dolores de cabeza, insomnio, tensión en el cuerpo, taquicardias, problemas cardiovasculares, etc.)

Y, a la larga, nos puede provocar: un ataque al corazón, depresión, ictus, cáncer,… Y hasta nos puede llevar a la muerte. 

Por eso es importante ser conscientes cuando estamos llevando un estrés sostenido durante mucho tiempo. 

Tipos de estrés

Destacan dos tipos de estrés

  • Estrés agudo
  • Estrés crónico

Estrés agudo:

Es el que vivimos en determinadas situaciones cotidianas, el cual suele desaparecer de forma rápida y nos produce mucha adrenalina en el cuerpo. 

Por ejemplo, una persona que tiene que exponer un trabajo que le hace mucha ilusión presentar.

Estrés crónico:

Se trata de un estrés continuado en el tiempo.
Por ejemplo, la insatisfacción que le puede provocar a una persona permanecer en un trabajo que no le satisface o vivir en una relación de pareja que es insostenible.

Es un estrés que se va acumulando con el tiempo y la persona que lo vive no encuentra vía de escape. (O no la busca).

Este es el tipo de estrés más peligroso que existe. 

Muchas personas viven con este tipo de estrés y piensan que vivir así, con esa tensión en su cuerpo y en su mente, es algo normal. Se han acostumbrado a vivir en un estado de alerta constante pero no son conscientes de ello.

Qué puedo hacer para dejar de tener estrés

El estrés no desaparece por arte de magia de un día para otro por hacer un curso de meditación de un fin de semana o por irnos a vivir al Tíbet.

Por mucho que deseemos que desaparezca de nuestras vidas, el estrés es una reacción natural de nuestro cuerpo y, además, es necesario para sobrevivir. Por eso, el primer escalón para reducir el estrés es aceptar que el estrés siempre va a formar parte de nuestras vidas y vamos a tener que convivir con él.

La clave está en: aprender a relacionarnos con el estrés y aprender a reconocer las señales que nos da nuestro organismo (cuerpo, mente, emociones).

El Mindfulness es una técnica muy antigua que nos ayuda a relacionarnos y a convivir con el estrés para conseguir el bienestar físico y mental que deseamos.

Cómo puede el Mindfulness ayudarnos a reducir el estrés

Cuando sucede algo fuera, como es la pérdida de un ser querido o el nacimiento de un hijo, nuestra mente se llena de pensamientos. Esos pensamientos originan emociones, y esas emociones generan, o bien satisfacción, felicidad, etc. O bien nos pueden producir malestar, irritabilidad, tensión corporal, dolores de cabeza, de cuello, etc.

Con la práctica diaria de Mindfulness podemos darnos cuenta de hacia dónde nos quiere llevar nuestra mente y cómo podemos, desde ese lugar de consciencia, parar. 

El Mindfulness nos ayuda a ser conscientes de hacia dónde nos quieren llevar nuestros pensamientos. 

De esta manera, SÍ podemos parar. 

Parar para escuchar nuestro cuerpo para entender los mensajes que nos está transmitiendo.

Parar para sentir. 

Parar para volver al momento presente. 

Es como el ratoncito que consigue salir de la ruedita. 

Practicando Mindfulness a diario aprendemos a ser más conscientes de esos pensamientos.

A través del Mindfulness, de la conciencia corporal, de la consciencia de lo que pensamos y de la consciencia de lo que sentimos, podemos establecer nuevas relaciones (positivas) con el estrés.

Por ejemplo, la muerte de una persona querida es un punto de estrés muy alto y el Mindfulness puede ayudar a esa persona a darse espacio, a sentir la pena, a llorarla y a buscar la forma de sobrellevar mejor el duelo.

Hay siempre (y siempre habrá) situaciones que nos generan estrés. 

Pero con la práctica del Mindfulness podemos gestionar estas situaciones.

El Mindfulness nos ayuda a sentir y vivir el momento presente, y nos permite estar en contacto con lo que nos está sucediendo en el AHORA. 

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Nota importante: Este artículo no pretende sustituir el consejo psicológico/médico sino explicar cómo trabajamos con el estrés y la ansiedad desde la óptica del Mindfulness.

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